En momentos de catástrofe, el miedo es un terreno fértil. La necesidad de buscar respuestas inmediatas nos vuelve presas fáciles del engaño. Lo alarmante de esta crisis no ha sido solo el volumen de los rumores, sino el uso de la tecnología para fabricar el caos
Las mentiras de la IA siembran pánico como un doblete sísmico.- El pasado miércoles 24 de junio de 2026, la tierra se movió bajo nuestros pies con una violencia que Venezuela no había registrado en muchos años. El doblete sísmico de magnitudes 7.2 y 7.5 no solo destruyó estructuras físicas en La Guaira y Caracas, sino que dejó al país en un estado de vulnerabilidad absoluta. Sin embargo, mientras los equipos de rescate batallan entre los escombros y la oscuridad, en las pantallas de nuestros celulares se desata otra réplica igual de peligrosa: los famosos «fakes news».
En momentos de catástrofe, el miedo es un terreno fértil. La necesidad de buscar respuestas inmediatas nos vuelve presas fáciles del engaño. Lo alarmante de esta crisis no ha sido solo el volumen de los rumores, sino el uso de la tecnología para fabricar el caos.
Pocas horas después del desastre, las redes sociales se inundaron con imágenes hiperrealistas como el falso colapso del puente de Yacural (Lara), escenas que más tarde el Observatorio Venezolano de Fake News identificaría como creaciones de Inteligencia Artificial. Asimismo, se sumaron videos de personas diciendo que había alertas de tsunamis donde el Sistema de Alertas de Tsunami de EE. UU., así como también el Vicepresidente Sectorial de Política, Seguridad Ciudadana y Paz, Diosdado Cabello, desmintieron la amenaza para las costas venezolanas, pero para cuando llegó la verdad, el pánico ya se había viralizado.
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Debemos saber que la desinformación en tiempos de emergencia no es simple chisme digital; es un factor de riesgo real. Cuando un ciudadano en una zona afectada cree falsamente que viene un tsunami o que Corpoelec apagará el país por 24 horas, su capacidad de tomar decisiones lógicas se anula completamente.
La Inteligencia Artificial ha democratizado la creación de contenido, pero en las manos equivocadas se convierte en un arma de distracción masiva. Ante estos escenarios donde los algoritmos premian lo impactante por encima de lo fidedigno, la responsabilidad es compartida.
Para los periodistas y creadores de contenido, esto nos obliga a ser más rigurosos que nunca, a aplicar el fact-checking (verificación de datos) antes de buscar el clic y a educar a la audiencia sobre cómo identificar una imagen o video hecho con IA.
Venezuela enfrenta hoy un proceso de reconstrucción física dolorosa. Pero para salir adelante también necesitamos reconstruir nuestro ecosistema informativo. En una emergencia, verificar un dato antes del pulsar «compartir» es tan vital como ceder el paso a una ambulancia. No permitamos que los algoritmos y los fabricantes de mentiras jueguen con el dolor de un país que hoy, más que nunca, necesita aferrarse a la verdad.
