Caminar por el casco central de Maturín revela una cara distinta de la ciudad, una que no aparece en los folletos de gestión pública ni en las guías turísticas
Más adultos mayores viven en situación de calle en Maturín.-A medida que los comercios bajan sus santamaría en avenidas emblemáticas como la Bolívar, Bicentenario o Luis del Valle García, el pavimento deja de ser una vía de tránsito para convertirse en un dormitorio o un refugio para quienes no lo tienen. En la «Sultana del Guarapiche», la personas en situación de calle han trazado una cartografía de supervivencia donde el espacio público y la propiedad privada en abandono mutan hacia casas improvisadas.
Edificaciones inconclusas, antiguos locales comerciales o casas deshabitadas en las inmediaciones del centro y avenidas principales se transforman en micromundos cerrados. En estos sitios se improvisa una arquitectura del desecho con cartones gruesos como aislante del suelo, láminas de plástico como techos contra el agua y pedazos de madera para delimitar parcelas de «intimidad».

Lea también:España acoge la XXX Cumbre Iberoamericana en Madrid luego de 14 años
Mirar la indigencia en Maturín únicamente a través del prisma económico es quedarse corto. Un porcentaje significativo de quienes pernoctan en las aceras padece trastornos de salud mental no tratados o problemas severos de adicción, agudizados por la interrupción de tratamientos, el abandono familiar o la falta de centros asistenciales especializados con capacidad de absorción. A esto se suma el drama del trabajo infantil e indigencia en menores, empujados a la dinámica callejera por la desintegración del núcleo familiar o la migración de sus progenitores.

El uso de latas para cocinar con fuego improvisado o la falta de acceso a servicios sanitarios no son solo problemas de salubridad y orden público; son síntomas visibles de un tejido social deshilachado que las respuestas institucionales no han logrado reparar integralmente.
Para el habitante común de Maturín, estas casas improvisadas terminan volviéndose parte del paisaje urbano, invisibilizadas por la prisa cotidiana o abordadas desde el prejuicio del peligro. Sin embargo, cada bulto de cartón a las puertas de un negocio o bajo los árboles de una plaza interpela a la sociedad civil y a los organismos del Estado.
Varios ciudadanos consultados sobre la presencia de estos habitantes de la calle señalan que Maturín necesita trascender la limpieza superficial de sus calles y avanzar hacia políticas públicas integrales como refugios permanentes, programas de salud mental y reinserción social que eviten que las aceras sigan siendo el último recurso habitacional de sus ciudadanos más vulnerables.
EO//Victor Rojas, periodista