El virus de la mala vibra: ¿Por qué dejamos de ser amables en la calle?

Por Roynel Rojas

Lo peligroso es que el mal humor se pega más rápido que un virus. Si alguien te trata mal temprano, te amarga el momento y, casi sin querer, terminas respondiéndole de mala gana a la siguiente persona


El virus de la mala vibra: ¿Por qué dejamos de ser amables en la calle?-. Salir a la calle por la mañana a veces se siente como entrar a un campo de batalla. Basta con subirse al transporte, hacer una fila o caminar por la acera para notar que la paciencia de la gente pende de un hilo. El mal genio se ha vuelto tan común que ya lo vemos normal, pero vivir a la defensiva nos está dejando agotados a todos.

Detrás de una mala cara casi nunca hay una mala persona, sino gente sobrepasada por la rutina. Vivimos corriendo, preocupados por el dinero, durmiendo mal y pegados a pantallas que nos exigen inmediatez. Toda esa presión funciona como una olla a presión que termina explotando con el menos indicado: el cajero, un conductor o un compañero de trabajo.

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Lo peligroso es que el mal humor se pega más rápido que un virus. Si alguien te trata mal temprano, te amarga el momento y, casi sin querer, terminas respondiéndole de mala gana a la siguiente persona. Así es como creamos una cadena invisible de hostilidad que daña el ambiente y nos llena de una pesadez mental que nadie necesita.

La buena noticia es que la amabilidad también es contagiosa y romper ese ciclo depende de cada uno. Tener un mal día es válido, pero los demás no tienen la culpa de nuestras cargas. Bajarle un cambio a la prisa, respirar y rescatar un «buenos días» o un «gracias» puede cambiarle el día a cualquiera y devolvernos la humanidad.

EO// Redacción: María Villanueva

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