El núcleo de esta discusión no debe limitarse únicamente al daño estético o patrimonial. El punto verdaderamente alarmante, y que muchos internautas con total sensatez señalaron, es el grave peligro al que se expuso la vida del muchacho
El peligro detrás de la travesura.-Recientemente, un video difundido en las redes sociales encendió el debate en la comunidad monaguense. En las imágenes se observaba a un joven bañándose dentro de la emblemática fuente de la Redoma Juana La Avanzadora. El hecho generó una oleada inmediata de comentarios divididos en las plataformas digitales. Mientras que un sector de la población lo tomó a la ligera o incluso apoyó la acción como una simple travesura o un desahogo ante el calor, otra parte de los ciudadanos alzó la voz para rechazar el acto, recordando la importancia de cuidar el patrimonio público.
Lea también:Más de mil transportistas reciben tarjetas de débito en Monagas
Sin embargo, el núcleo de esta discusión no debe limitarse únicamente al daño estético o patrimonial. El punto verdaderamente alarmante, y que muchos internautas con total sensatez señalaron, es el grave peligro al que se expuso la vida del muchacho. Las fuentes ornamentales modernas, como la de la Redoma Juana La Avanzadora, no son piscinas públicas; son estructuras arquitectónicas complejas dotadas de sistemas de iluminación interna y bombas de agua que funcionan de manera constante con corriente eléctrica.
Introducirse en estas aguas con instalaciones eléctricas activas representa un riesgo inminente de electrocución. Un cortocircuito o un cable pelado imperceptible a simple vista puede transformar un momento de diversión en una tragedia fatal. La seguridad de nuestros jóvenes y niños debe ser la prioridad absoluta, y como sociedad no podemos normalizar ni aplaudir conductas que pongan en riesgo su integridad física dentro de la infraestructura urbana.
El verdadero sentido de pertenencia se demuestra respetando los límites de uso de cada espacio. Las plazas están hechas para el encuentro, los monumentos para la memoria histórica y las fuentes para el disfrute visual. Exigir la preservación de los espacios públicos es un deber, pero educar a las nuevas generaciones sobre los riesgos y el respeto hacia ellos es una obligación que nos compete a todos. La infraestructura de nuestra ciudad nos pertenece, y cuidarla es cuidar también la vida de quienes la habitan.
EO// Víctor Rojsd, periodista