Un estudio descubre la modificación genética que provocan sus polifenoles en tejido somático humano distinto a las células sanguíneas
El consumo de uvas puede favorecer la protección de la piel frente al sol. – La fruta es un poderoso alimento para la salud es algo bien sabido y los investigadores siguen indagando para tener más detalle sobre los desconocidos beneficios que tienen.
Ahora, un equipo con expertos de la Western New England University (Massachusetts) y la Oregon State University ha confirmado que el consumo de uvas favorece cambios en la expresión genética, lo que se traduce en una mejor salud de la piel.
Las uvas, sean la variante que sean, tienen muchos compuestos beneficiosos llamados polifenoles, además de vitaminas, minerales y fibra, que generan una acción antioxidante. También contiene, aunque con cantidades muy bajas, el preciado resveratrol, que se llega incluso a comercializar como suplemento dietético y que se asocia a efectos antinflamatorios, metabólicos o antienvejecimiento. Aunque la cantidad consumida es muy pequeña, de menos de un miligramo al día, se cree que junto a los otros fitoquímicos de las uvas crean una combinación de éxito.
Además, varios estudios previos con experimentos con ratones han asociado su consumo a una mayor resistencia de la piel frente a la radiación UV o a un menor estrés oxidativo. Conscientes de que algunos estudios fijan que pueden aumentar la resistencia de la piel a la radiación UV en aproximadamente un 30-50% de la población estudiada, los investigadores quisieron ir a más.
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Como se ha publicado este mayo en la última edición de la revista ‘ACS Nutrition Science’, han corroborado, por primera vez, una modificación genética en un tejido somático humano como es la piel antes y después de su exposición UV. Hasta ahora solo se había confirmado que ocurría en animales o en células sanguíneas.
Así, 29 voluntarios consumieron el equivalente a tres porciones de uvas enteras al día durante dos semanas y lo que permitió determinar un cambio en la expresión génica en la piel. A todos ellos se les recogieron muestras de sangre y heces, además de cuatro biopsias distintas de piel con áreas con distintas exposiciones y antes y después de haber consumido uvas.
Efectos incluso en los voluntarios más resistentes
Los investigadores vieron claras diferencias entre unos y otros y aunque la expresión génica en la piel de cada individuo era distinta, acabó cambiando en todos los voluntarios después de que comieran uvas y/o se expusieran a la radiación UV. En todos los perfiles. Por eso, los investigadores pudieron interpretar que con esta fruta aparecía una mayor queratinización y cornificación de la piel, procesos que se sabe que crean una barrera contra el daño ambiental.
Lo más reseñable del estudio son los efectos de las uvas incluso en los participantes que, aparentemente, no presentaban cambios tras consumirlas. Los investigadores concluyen, por ello, que las uvas reducen la generación de malondialdehído inducida por UV, modifica el lipidoma plasmático e induce la expresión de un conjunto de genes en la piel capaces de proteger frente a factores ambientales como la radicación UV.
EO//: Con Información de: ABC
