El choque cultural inverso: «Ya no soy de aquí, ni soy de allá»

Por Freddy Vásquez

El acto de hacer las maletas para volver al país de origen suele vestirse de fiesta. Se asume que el regreso es la resolución de una nostalgia, el abrazo anhelado con las raíces y el fin de la añoranza. Sin embargo, cuando el avión aterriza o el bus llega a su destino, sale a la luz una realidad silenciosa e inesperada: el choque cultural inverso.

Emigrar transforma, si, y de qué manera. Es un proceso inexplicable que cambia el ritmo en que vemos el tiempo y espacio en el que nos desenvolvemos.

Mientras nosotros cambiamos afuera, nuestra ciudad, nuestro terruño continuó su curso, tus amigos quizás ya no están, crearon nuevas dinámicas, tu familia aprendió a funcionar, temporalmente sin tu presencia física y las calles cambiaron de la risa al silencio.

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El verdadero impacto del retorno, no es la adaptación a lo desconocido, sino el extraño malestar de sentirse extranjero dentro de su propia casa, dentro de su propio lugar donde creciste y te formaste como ser humano, como profesional.

Y es normal sentirse así, porque al volver, te convertiste en el extranjero que eras y pasaste a ser “el que regresó”.

Es un duelo muy personal, que solo quien vive el emigrar, lo puede entender para poder explicarlo con sus propias palabras lo que es vivir el duelo del migrante retornado.

EO// Redacción: Freddy Vásquez

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