Mucho se ha dicho (y escrito) sobre la importancia de la paz interior y los muchos beneficios que tiene para la salud mental y física de cada persona.
Sin embargo, la mayoría de las veces miramos este tema desde una perspectiva personal, enfocándonos en los aspectos positivos que tiene para nosotros cómo individuos, pero no hay que perder de vista que mantener la calma en situaciones adversas también puede ser un punto de inflexión en nuestro entorno.
Hacer «oídos sordos» puede ser la solución para poner fin a un desacuerdo mucho antes de que escale a mayores. Es necesario entrenar el pensamiento para cultivar la paciencia y hacer un balance de los beneficios y consecuencias que puede tener el continuar con una discusión, y si realmente vale la pena el desgaste emocional que requiere seguir discutiendo para ganar.
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El no dejarse llevar por el temperamento y detenerse a pensar para luego actuar con calma marca la diferencia tanto en nuestro estado de ánimo, cómo en el de las personas que nos rodean.
Ciertamente no podemos controlar las reacciones de otros, pero también es importante señalar que, a veces, solo es necesario alguien que, desde la calma, nos muestre otro enfoque para encontrar una solución pacífica a los desacuerdos y entender que quizá por estar saturados, cansados o demasiado estimulados podemos caer inconscientemente en la trampa de profundizar un problema mínimo solo para tener la oportunidad de drenar lo que llevamos acumulado por otras situaciones.
Recordemos que alguien que “tiene carácter” no es aquel que grita más fuerte para dejar claro su punto de vista.
El carácter, que muchas veces erróneamente se confunde con el temperamento, es una cualidad que podemos moldear y desarrollar para superarnos cada día y ser la mejor versión de nosotros mismos.
EO// Redacción: Dubraska Hernández
