Un recorrido por el significado de la santidad, los milagros en proceso de estudio y la vigencia del mensaje espiritual en las nuevas generaciones
La Iglesia católica celebra la vida y el legado de sus nuevos referentes de fe.- Cada 1 de noviembre, la iglesia y millones de creyentes alrededor del mundo celebran el Día de Todos los Santos. Más allá de una conmemoración litúrgica, es el preámbulo de las tradiciones dedicadas a los fieles difuntos. Es el día en que se honra no solo a aquellos hombres y mujeres que han sido oficialmente canonizados por el Vaticano, sino a aquellas personas que vivieron con sencillez y fidelidad a sus principios y que hoy gozan de la plenitud de la vida eterna.
El padre Miguel Febres, párroco de la iglesia San Simón de Maturín, celebra con fervor que en nuestro país ya tengamos dos nuevos santos: Santa Madre Carmen Rendiles, la primera mujer elevada a los altares venezolanos, y el «médico de los pobres», San José Gregorio Hernández. Dos personas que se entregaron al servicio ciudadano durante toda su vida y a quienes se les atribuyen milagros excepcionales, validados por la Santa Sede, que llenan de orgullo al pueblo venezolano y que hoy Día de todos los Santos, es celebrado en todas las iglesias católicas del país.
También, no podemos dejar pasar a la beata Madre María de San José, a quien se le atribuye la curación milagrosa de la hermana Laura Teresa Bandres, quien padecía una artrosis degenerativa severa y recuperó completamente la movilidad sin explicación médica tras encomendarse a su intercesión. Actualmente, el proceso para la canonización de la beata Madre María de San José está activo y en plena fase de estudio en el Vaticano.

Leer también: Terminal de Maturín culmina Mes Rosa con jornada de prevención y concienciación
Otro ejemplo de la fe inquebrantable es Carlo Acutis, conocido como el «ciberapóstol de la Eucaristía», un joven italiano célebre por ser un apasionado de la informática y la tecnología, las cuales utilizó como herramientas de evangelización antes de fallecer prematuramente a los 15 años. Tras el cumplimiento de todos los requisitos eclesiales, fue proclamado San Carlo Acutis, convirtiéndose de manera oficial en el primer santo de la generación millennial.
Para los creyentes, la figura de los santos va mucho más allá de una distinción eclesiástica o un reconocimiento histórico. Representan la constatación de que la fe, la virtud y el compromiso con los demás son alcanzables en la vida cotidiana. Los santos actúan como puentes de inspiración y mediadores espirituales que acercan lo divino a la realidad humana.
De los Mártires a los Confesores
Con el fin de las persecuciones y el Edicto de Milán en el año 313 d.C., que otorgó libertad de culto a los cristianos, se produjo una profunda transformación. A la figura del mártir se sumó la del confesor, es decir, aquel que, sin haber sido asesinado por su fe, había llevado una vida ascética y ejemplar.
Leer también: Entre la imprudencia y el abandono vial: ¿Quién controla las infracciones en la vía pública?
Así comenzó el largo proceso de institucionalización de la santidad, que alcanzó un hito fundamental con la caída del Imperio Romano de Occidente y el creciente papel de los obispos locales. Estos comenzaron a ejercer la potestad de reconocer y autorizar el culto de figuras particularmente virtuosas.
De venerable a la santidad universal

El proceso de canonización dentro de la Iglesia católica es un riguroso estudio jurídico, histórico y teológico a cargo del Dicasterio para las Causas de los Santos en el Vaticano. Su objetivo es verificar que una persona haya vivido las virtudes cristianas en grado heroico y que Dios haya obrado milagros por su intercesión.
El primer momento es cuando se le llama Verable. Esta primera etapa corresponde al proceso que inicia formalmente la diócesis donde falleció la persona, generalmente al menos cinco años después de su muerte. Se abre una investigación minuciosa sobre su vida, escritos y testimonio de fe. Si el Vaticano aprueba el expediente, el papa emite un decreto reconociendo sus virtudes heroicas y la persona recibe el título de Venerable.
Para que un venerable sea beatificado, se requiere la verificación de un primer milagro atribuido a su intercesión (ocurrido después de su fallecimiento).El caso (habitualmente una curación médica inexplicable) es examinado por una junta médica independiente de científicos y médicos.
Para alcanzar la santidad universal, se exige la aprobación de un segundo milagro, el cual debe haber ocurrido obligatoriamente con posterioridad a la beatificación. Tras superar los mismos controles científicos y teológicos del primer milagro, el papa firma el decreto de canonización. En una ceremonia solemne (por lo general en la Plaza de San Pedro), la persona es proclamada Santa, extendiendo su culto y veneración a toda la Iglesia católica universal.

Dato curioso
La pregunta sobre el número de santos reconocidos oficialmente por la Iglesia Católica despierta una gran curiosidad, tanto en creyentes como en no creyentes. Actualmente, los santos canonizados oficialmente son 1.726, pero si incluimos a los beatos, mártires y aquellos venerados localmente, se estima que la cifra podría oscilar entre 9.000 y 20.000. Este amplio panorama espiritual narra la historia de una humanidad que, a lo largo de los siglos, ha demostrado su fe de formas diversas y extraordinarias
EO// Redacción Freddy Vásquez