A un mes de la tragedia que enlutó a Venezuela. La muerte sorprendió a cientos de familias, dejando un vacío que trasciende lo personal y se convierte en un espejo de nuestra fragilidad colectiva
Por aquellos que se fueron sin querer irse.-La existencia humana es un tránsito marcado por la incertidumbre. Nadie elige el instante final, y sin embargo todos caminamos hacia él. La muerte, esa frontera ineludible, nos recuerda la fragilidad de nuestros proyectos y la fugacidad de nuestros sueños. Nos sorprende en medio de la rutina, arrebatando vidas que aún tenían páginas por escribir.
A un mes después de la tragedia que sacudió a Venezuela, el país sigue intentando comprender lo incomprensible. Las cifras oficiales hablan de víctimas, pero detrás de cada número hay un rostro, una historia interrumpida, un proyecto vital que quedó inconcluso.La muerte, en su irrupción inesperada, desnuda la paradoja de nuestra condición: somos seres que buscan eternidad en un mundo que sólo ofrece tiempo limitado.
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La sociedad, en medio del duelo, se enfrenta a preguntas esenciales: ¿qué sentido tiene vivir cuando la muerte puede irrumpir sin aviso?, ¿cómo se reconstruye la esperanza en medio de la pérdida?, ¿qué legado dejan quienes se fueron sin querer irse?
No basta con narrar la tragedia: hay que recordar que la muerte no es sólo un hecho, sino un misterio que nos involucra a todos.
Por todos aquellos que se fueron sin querer irse, queda la memoria como resistencia. La muerte sorprende, pero la vida se rehace en la memoria, se prolonga en la esperanza y se transforma en legado. La tragedia nos recuerda que la existencia es frágil, pero también que la dignidad de quienes partieron exige que sigamos escribiendo las páginas que ellos no pudieron concluir.
EO//Profesor/Poeta Hernán Paisano
