El sentido de pertenencia nos ata a nuestra tierra en medio de la catástrofe

Personas caminan entre escombros de edificios afectado por terremotos este jueves, en Catia La Mar (Venezuela). EFE/ Ronald Peña R.

Por Roynel Rojas

El sentido de pertenencia nos ata a nuestra tierra en medio de la catástrofe-. Venezuela está viviendo uno de los capítulos más catastróficos de su historia, aún con todo esto, las personas se rehúsan a irse del lugar que los vio crecer, que los vio superarse, donde crearon recuerdos e hicieron sus vidas, ni siquiera una catástrofe como esta puede superar algo tan preciado y poderoso como el sentido de pertenencia. 

Muchos argumentan que La Guaira es una tierra inestable, que ya no deberían reconstruir nada sobre esos cimientos, que es momento de irse a vivir a otro lado. No es la primera vez que surgen estas ideas, aquel diciembre de 1999 muchos afirmaron que lo mejor era jamás volver a lo que entonces era el estado Vargas.

Aquel 15 de diciembre, el día en que comenzó el considerado como peor desastre natural del país en el siglo XX. Lluvias torrenciales azotaron las costas de lo que hoy es La Guaira, desatando deslaves e inundaciones masivas que arrastraron lodo y enormes rocas desde el cerro El Ávila. 

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Muchos se alejaron de su tierra, siendo forzados por el desastre natural a vivir en otros estados del país, muchos regresaron, pero otros se adaptaron a sus nuevas vidas. Hoy pasamos una situación similar, las personas han desarrollado un profundo miedo hacia los desastres naturales, especialmente en lo que respecta a esta región.

Pero en su mayoría, conservan la esperanza de recuperar sus casas, sus negocios, de reconstruir todo con mejores bases, con más preparación para estos desastres. Jamás podremos evitar que sucedan, pero tenemos el sueño de poder afrontarlos en el futuro, para conservar así nuestra identidad, defender a los que amamos y luchar por el legado que nos dejaron aquellos que ya no están con nosotros. 

Lamentamos profundamente cada una de las pérdidas. No son números, son vidas, son madres, padres, abuelos y abuelas, hijos e hijas, son amigos, son, fueron y seguirán siendo todo para nosotros, por eso los llevamos en el corazón, nos corresponde seguir adelante con este gran dolor y vivir por aquellos que ya no podrán hacerlo con nosotros.

EO// Redacción: Roynel Rojas

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