A 115 años del nacimiento del escritor argentino, recordamos una de sus mejores obras. Una “monstruosidad”, una decisión tomada al borde del abismo, la fiebre de Matilde y su amor incondicional
La increíble historia detrás de “Sobre héroes y tumbas” de Ernesto Sabato.- El fuego purifica, pero también destruye. En la fría tarde de un invierno bonaerense, las llamas devoraban un cúmulo de papeles en el patio de una vieja casona de Santos Lugares. No eran hojas cualquiera. Se trataba del borrador de una de las piezas más complejas, oscuras y magnéticas de la literatura hispanoamericana. El hombre que alimentaba la hoguera, con la mirada perdida y el ceño fruncido por el tormento, era Ernesto Sabato. Para él, era una “monstruosidad” que debía ser reducida a cenizas.
Sin embargo, Sobre héroes y tumbas, de esa obra estamos hablando, sobrevivió a la furia autodestructiva de su propio creador, salvada en el último segundo por el amor, la lucidez y la desesperación de una mujer. Pero miremos el cuadro completo. Estamos en 1960 y Ernesto Sabato vive acorralado por sus propios demonios. Su debut literario con El túnel en 1948 lo había consagrado, pero la presión por su segunda novela lo sumergió en una parálisis creativa y en crisis depresivas recurrentes.
Sabato escribía, tachaba, rompía y tiraba. No era una exageración: a lo largo de su vida, el autor destruyó decenas de cuadernos, ensayos y borradores enteros que se perdieron para siempre. Cuando dio por terminado el borrador de su nueva obra, el impacto de lo que había gestado lo aterró. La inclusión del perturbador Informe sobre ciegos —una sección nacida de sus propias fobias infantiles hacia la invidencia— le hizo pensar que el libro era un fracaso deforme que lo expondría al ridículo público. Y quiso quemarlo.
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Matilde Kusminsky Richter, esposa del escritor, sintió un frío en el pecho al enterarse de las intenciones de su marido. Ella no era una espectadora pasiva en la carrera del físico devenido en literato; era su primera lectora, su correctora más implacable y el verdadero cable a tierra de un hombre perpetuamente al borde del abismo. La reacción de Matilde no fue una simple súplica. La angustia psicológica ante la inminente pérdida de una obra maestra fue tan violenta que su cuerpo colapsó.
Cayó gravemente enferma, recluida en una cama con fiebre alta y un cuadro de profunda debilidad. Destruir ese libro, para ella, significaba destruir una parte de sus propias vidas. Años más tarde, en una célebre entrevista televisiva concedida al periodista Joaquín Soler Serrano para el recordado programa español A fondo en 1977, el propio Ernesto Sabato recordaría aquel dramático episodio con la voz quebrada: “Yo soy un destructor, un piromaníaco de mis propias cosas”, empezó diciendo.
“Escribo y quemo, escribo y rompo cientos de páginas. Con esta novela sentí que había ido demasiado lejos, que era una monstruosidad. Cuando le dije a Matilde que iba a tirarla al fuego, se puso tan mal que voló en fiebre. Pasó días en cama, enferma de la angustia. Al verla así, comprendí el valor que tenía para ella. Por amor a Matilde decidí publicar Sobre héroes y tumbas“, dijo Sabato en la recordada entrevista. Quizás por eso su entorno familiar y literario siempre custodió este hito como un milagro civil.
EO//: Una información de: Infobae
