Preservar hoy, para tener mañana

Por Dubraska Hernandez

Existen ciertos hábitos que, por la fuerza de la costumbre son muy difíciles de dejar atrás

 De hecho, el ser humano por naturaleza es una criatura de hábitos. La función de ellos es que, una vez aprendidos estos comportamientos repetitivos, el cerebro los prioriza como acciones automáticas para liberar energía mental y crear “atajos neuronales” que nos llevan a actuar de manera casi automática en ocasiones.

Esa podría ser una explicación plausible al hecho de que a muchos adultos les cueste reconocer y cambiar conductas aprendidas en su juventud y que hoy mantienen porque “Loro viejo no aprende a hablar”.

La cultura de respeto, de buena educación y valores es algo que nunca se debe perder. Son los adultos mayores los encargados de enseñar a las generaciones más jóvenes las buenas costumbres que deben preservarse.

Paradójicamente, muchas veces es evidente que, pese a que los jóvenes son a los que suelen tildar de poco educados por la forma en que “los tiempos han cambiado”, son los mayores quienes con comportamientos cuestionables se excusan con la edad al tener una actitud hostil y difícil de integrar en una sociedad funcional. La buena educación, la cultura de respeto, así como la convivencia pacífica son valores que todos aprendemos en el colegio. Sin embargo, si no los vemos en el ejemplo de los adultos mayores que son los pilares de nuestra sociedad, el repetir esos patrones.

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Se vuelve casi imposible, sobre todo para la nueva generación, criaturas en blanco quienes aún están en proceso de aprender hábitos.

El decir buenos días, un saludo amable, tender una mano amiga a un desconocido, esperar el turno correspondiente y adaptar nuestro volumen de voz y vocabulario a nuestro entorno son costumbres que deben preservarse. Se deben preservar los valores hoy, para tener buenos hábitos mañana.

EO// Redacción: Dubraska Hernández

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