La Carrera

Por Roynel Rojas

Poema de Yoliannys Urbina

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Alzo los ojos y en las copas de los árboles predicho

está mi futuro, o al menos eso creo. Veo las ramas

secas extendidas en el cielo, como quien alza los brazos

esperando a que Dios le tome los dedos y le conceda

su milagro, entonces me pregunto ¿cuál será el deseo de

los árboles que has quemado? Mientras lo contemplo

alguien dice “tranquila, tranquila, es porque el sol no

para de acercarse a nosotros, es culpa del sol, es culpa

del sol”. Me pongo lo zapatos y empieza la carrera.

Corro, intento huir, ¿qué otra cosa puedo hacer además

de eso? Corro, corro, corro sin parar.

El aire que choca con mi cuerpo y hace que mis cabellos

se alcen y vuelen, perforan mis adentros, me asfixian,

pero sigo corriendo, no puedo hacer otra cosa sino eso,

corro.

Entonces choco con un millón de cerdos, vacas, y

caballos, masticando los desechos de mis antepasados,

mis amigos, mi familia, y mi culpa… su verdad me

apuñala en el estómago, caigo en suelo, trago tierra y

aire y me levanto y corro, huyo, huyo y corro. Es tan

repugnante, pero sigo corriendo porque no puedo hacer

nada más que eso.

Me adentro a lo más recóndito de mi tierra, en donde los

árboles son tan altos como los ángeles y descubro que

incluso ahí están sus huellas, mil y un cuerpos expuestos

en huesos. Comprendo, entonces, con una lucidez

que me priva: no hay afuera. El escape es una palabra

inventada por los que aún no han mirado el vacío, todos

en su burbuja y yo solo huyendo, sigo corriendo, corro,

corro ¿qué otra cosa puedo hacer sino eso? corro.

Llego al mar, busco la sal, busco las caracolas, busco

las palmeras, pero ellos también se han fugado o se

han muerto. Entonces corro y me sumerjo, y lloro, lloro

y lloro y muero.

EO// Vía: Escritos de Yoliannys Urbina

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