Es importante que todos y cada uno de los integrantes de la sociedad aprendamos que nuestra contribución en menor o mayor medida hace la diferencia
La limpieza de nuestro entorno es el resultado de nuestra conciencia.- Dice un refrán popular que “la ciudad más limpia no es la que más se barre, es la que menos se ensucia”. Sin embargo, cuál es la ruta a seguir cuando en vez de propiciar el cambio desde nuestras posibilidades, la mayoría de los individuos se enfoca en señalar culpables.
A todos nos interesa que los espacios que frecuentamos día a día se mantengan en condiciones favorables y limpias. Las plazas, las calles y aceras, los parques y otros espacios de entretenimiento. Estas áreas comunes, pese a que cuentan con personas que trabajan para mantenerlas limpias, muchas veces se ven afectadas por el mal uso por parte de los usuarios.
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La excusa de que las áreas comunes se deterioran por falta de recursos económicos o incumplimiento del cronograma de aseo pierde fuerza cuando prestas atención y miras al adulto mayor que deja la bolsa de basura en la esquina, al adolescente que camina por las áreas verdes y dibuja sobre los bancos de la plaza, a la madre que no corrige a su hijo cuando tira el envoltorio de un dulce en la zanja solo porque “eso alguien lo puede recoger”.
Es importante que todos y cada uno de los integrantes de la sociedad aprendamos que nuestra contribución en menor o mayor medida hace la diferencia.
El sentido de pertenencia debe fomentarse y arraigarse profundamente en todos para que la casa común que es nuestra ciudad se mantenga limpia, no solo por estética, más crucial aún, es por salud, porque un entorno limpio es el reflejo de nuestra conciencia ciudadana.
EO// Redacción: Dubraska Hernández
