Un rincón de película escondido entre los acantilados de Portugal

Por Dubraska Hernández

A 10 kilómetros de Sintra, esta villa molinera guarda uno de los rincones costeros más bellos y curiosos del país luso

Un rincón de película escondido entre los acantilados de Portugal. – Si estamos en Sintra, una de las ciudades más bonitas de Portugal, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, recorreremos solo 10 kilómetros para llegar a nuestro objetivo. Este trayecto, lejos de ser un trámite, es tan vistoso como el propio destino. Una vía panorámica que recorre la costa de Sintrahacia el norte, serpenteando por colinas entre pueblos y miradores, con tramos de bosque que se abren de golpe al Atlántico.

De pronto, en el horizonte, un puñado de casas blancas se asoman al borde de un acantilado. Ya estamos en la parroquia de Colares, en una pequeña villa costera que apenas alcanza los 800 habitantes permanentes. Se trata de Azenhas do Mar, un pequeño núcleo que creció siguiendo el curso de la ribeira de Cameijo, un arroyo que se abre paso entre la roca y llega hasta el océano.


El pueblo, de por sí solo, ya tiene muchísimo encanto. Pero uno no puede evitar centrar toda su atención en un punto concreto: su playa. La vista recorre los acantilados y llega hasta una pequeña entrada del mar que, sin embargo, no es una cala del todo. Una buena parte de su espacio está ocupado por una piscina oceánica. Cuando la marea sube, la playa se reduce (puede incluso desaparecer), y la piscina de agua salada permanece serena, preparada para recibir bañistas.

La estampa es de película. Un ejemplo perfecto de cómo la ingeniería humana y la naturaleza se dan la mano: esta curiosa construcción, acoplada al ritmo de la marea, permite que vecinos y viajeros siempre tengan una zona de baño disponible, y se convierte en el símbolo del pueblo.

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La historia de Azenhas do Mar se puede descifrar solo con fijarse en su nombre. «Azenha» significa «molino de agua» en portugués, lo que ya nos da pistas de un pasado molinero. Estas construcciones, de las que todavía quedan restos, sirvieron a los habitantes del lugar para aprovechar la fuerza de la ribeira de Colares antes de que esta desembocara en el Atlántico.

Antes de convertirse en una postal para veraneantes, Azenhas do Mar fue una villa de trabajadores: pescadores que salían al Atlántico y molineros que dependían del arroyo. Esa identidad todavía se conserva en la arquitectura. Las casas, de fachadas blancas, tejados rojos y azulejos azules, se apiñan en calles estrechas que se abren, de tanto en tanto, a pequeños miradores con bancos de azulejos y macetas de flores. Muchas aprovechan el propio acantilado como parte de su estructura, como si la roca fuera una pared más de la casa.

Sin embargo, a pesar de su creciente popularidad, el pueblo mantiene firmes sus tradiciones (tradiciones que, por otro lado, fascinan a quien llega a presenciarlas). Su celebración más importante tiene lugar en verano, durante el mes de agosto. Se trata de la fiesta de San Lorenzo, patrón del pueblo y protector de las viñas. Los vecinos organizan una procesión que baja hasta la orilla, donde las imágenes reciben la bendición junto al mar, un gesto que todavía hoy expresa su vínculo con el mar.

EO// Con in formación de: National Geographic

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