Poema de Bárbara Atay
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Beba la noche en sorbos lentos,
un vampiro de siglos despiertó
con cicatrices que el tiempo no borra
y un corazón que olvidó su ritmo
Mis pasos huelen a tormenta,
a vino añejo y rosas muertas,
a besos que ardieron en llamas
y promesas rotas en el alba.
Soy el que acecha en los espejos,
el que susurra Versos negros,
el que ama con filo de dagas
y maldice la luz que lo llama.
Pero en la sombra, cuando nadie mira,
sueño con un sol que no me quema,
con una mano que no se aparta
y un nombre que nunca pronuncio.
EO// Con información de: Bárbara Atay
