Las lesiones inflamatorias, el picor y otros síntomas que caracterizan estas enfermedades pueden provocar ansiedad, alteración del sueño y afectación a la autoestima
Psoriasis, una condición que afecta la piel e impacta en la mente. – Una charla con cualquier persona con dermatitis atópica o psoriasis conduce casi siempre a la misma conclusión en los especialistas en dermatología: sus síntomas se perciben en la piel, pero su impacto es mucho más profundo. Dejan huella en la autoestima, generan ansiedad, alteran el sueño, están vinculadas a la enfermedad mental más prevalente -la depresión- y condicionan todos los ámbitos de la vida de las personas que las sufren, desde el laboral al afectivo.
Ambas patologías se encuadran dentro de las enfermedades inmunomediadas, un grupo de alrededor de 80 trastornos que se manifiestan en diferentes partes del cuerpo, como la piel, el sistema nervioso o el digestivo, y en los que el sistema inmunitario ataca erróneamente al propio organismo dando lugar a procesos inflamatorios. Son enfermedades crónicas y su pronóstico y evolución dependen, en buena medida, de una intervención temprana y eficaz.
Las lesiones cutáneas y el picor de la dermatitis atópica y la psoriasis, al igual que ocurre con otras enfermedades dermatológicas inflamatorias crónicas, como el vitíligo, la alopecia areata, la rosácea o el acné, van más allá de la piel. Una de las razones es que son patologías que afectan a la imagen de quien las sufre. La piel es el órgano más grande y al mismo tiempo el más visible, no pasa desapercibida; es la tarjeta de presentación de una persona. Así, cuando la dermatitis atópica afecta a párpados, cara, cuello o zona genital, la visibilidad de las lesiones puede ocasionar vergüenza y sentimientos de rechazo.
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Para clasificar el grado de la dermatitis atópica como moderada o grave, en dermatología se utilizan escalas que miden el grosor de las placas de eczema y las escoriaciones producidas por el rascado. Como norma general se consideran dermatitis graves las que afectan a una zona extensa del cuerpo, sin embargo, especialistas indican que cada vez más se valora cómo afecta la enfermedad a la vida diaria del paciente, de manera que “hay dermatitis leves y muy localizadas, como por ejemplo en las manos, que se clasifican como graves porque condicionan mucho la calidad de vida”. La misma valoración merecen aquellas lesiones que afectan a la cara o a la zona genital.
En la dermatitis atópica se produce una alteración de la barrera cutánea. Es el origen de una cascada que comienza por la inflamación, sigue por el picor, hace que los pacientes se rasquen y produzcan heridas, y eso a su vez da lugar a infecciones. Cualquier estímulo, desde un alérgeno hasta una fibra de la ropa o el propio sudor, activa el sistema inmunológico que genera esa inflamación. El manejo va encaminado, por un lado, a reestructurar la barrera cutánea hidratando la piel y, por otro, a bajar la inflamación.
A largo plazo, los brotes inflamatorios de la psoriasis van produciendo un impacto acumulado en la calidad de vida del paciente. Entre las patologías asociadas, la más común es la artritis psoriásica en la que el sistema inmune daña por error el tejido sano de la piel y las articulaciones y, si no se trata de forma precoz, puede producir deformidades permanentes. Igual que en la dermatitis atópica, los pacientes no solo sufren alteraciones físicas; la enfermedad incide en su salud mental y en sus relaciones sociales y laborales.
EO// Con información de: El País
