La aldea acuática de Países Bajos creada por el hombre

Por Dubraska Hernández

Scheendijk ofrece un paisaje muy característico del oeste de los Países Bajos, fruto de siglos de intervención humana que han dado lugar a un entorno único

La aldea acuática de Países Bajos creada por el hombre. – Tan espectacular es visitar las Cataratas del Iguazú como desembarcar frente a la Estatua de la Libertad. Pero, en ocasiones, diferenciar entre un paisaje natural y otro creado por el hombre se vuelve más complicado de lo que parece.

Esto es justo lo que sucede en Scheendijk, una aldea neerlandesa a apenas 10 kilómetros al noroeste de la ciudad de Utrecht, en la que, la actividad humana transformó un paisaje durante siglos hasta convertirlo en un icono de lagos y pólderes (terrenos ganados al mar).

Scheendijk: una vida entre canales

Este laberinto de canales, embarcaderos y estrechas lenguas de tierra, donde el barco forma parte de la vida cotidiana tanto como el coche, tiene su terreno dividido prácticamente a partes iguales entre tierra y agua y no llega al medio millar de habitantes. Hoy en día, es un importante enclave turístico como puerta de entrada a las Loosdrechtse Plassen y uno de los rincones más singulares y fotogénicos de los Países Bajos.

Lagos «fabricados» por la historia

La aldea de Scheendijk, perteneciente al municipio de Stichtse Vecht y situada en el distrito de los lagos Oostelijke Vechtplassen, ofrece en realidad un paisaje muy típico del oeste de los Países Bajos.

Su origen se encuentra en la turba, un material orgánico formado por restos de plantas, muy cotizado como combustible durante los siglos XVI y XIX. Estas zonas de grandes pantanos eran ideales para su extracción, que, al llevarse a cabo, provocaba grandes agujeros que acababan llenándose de agua de lluvia y de los canales cercanos.

Con el paso de los años y gracias a la acción del viento y la erosión, los lagos se ensancharon y se unieron unos con otros hasta inundar grandes extensiones de terreno.

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Un sistema de lagos y canales

Aunque su transformación se dio de forma gradual a lo largo de los siglos, la estampa que podemos apreciar hoy en día es el resultado de diversas intervenciones en el paisaje, con el objetivo de hacerlo habitable y evitar que siguiera degradándose.

Situado a dos metros bajo el nivel del mar, Scheendijk tiene una superficie total de apenas 0,37 km², por lo que se puede recorrer fácilmente a pie. La vida se desarrolla sobre los legakkers, esas franjas de tierra de solo unos pocos metros de ancho y cientos de largo que delimitan el terreno en un patrón de líneas paralelas.

Pintorescos canales y actividades acuáticas

Pese a lo aislada que pueda parecer, esta zona cuenta con excelentes conexiones de transporte, tanto por tierra como por agua, y está situada a unos 20 minutos de Utrecht y a media hora de Ámsterdam, motivo por el que se ha consolidado como un importante destino turístico de la región.

Aunque algunos de sus vecinos viven de la pesca o del mantenimiento de los puertos deportivos, gran parte de la economía gira en torno al turismo y a las casas de vacaciones. Alrededor de 120 cabañas, accesibles principalmente en barco, dan la bienvenida a visitantes que acuden en busca de actividades acuáticas como la vela o el piragüismo.

Un plan de futuro sostenible

Sin embargo, el éxito de su peculiar paisaje también pasa factura a la localidad, que afronta diversos retos relacionados con el equilibrio entre turismo, naturaleza y gestión del agua. La erosión de los legakkers, la presión turística o la conservación de la biodiversidad son algunas de las cuestiones que aborda el Programa medioambiental de Scheendijk, una hoja de ruta consensuada entre residentes, empresarios y administraciones para orientar el desarrollo sostenible del paisaje durante los próximos años.

EO// National Geographic

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