El castillo de agua de Gran Canaria

Por Dubraska Hernández

El pueblo de Canarias con una piscina natural con forma de castillo y vistas a un dragón: «Lo más parecido a una fortaleza medieval, aunque rellena de placentera agua oceánica»

El castillo de agua de Gran Canaria. – En este pueblo al noroeste de Gran Canaria, en un valle famoso por su café, esconde tres piscinas naturales de origen volcánico cuya forma evoca a una fortaleza.

Las Salinas de Agaete, son, según la web oficial de Turismo de Canarias «lo más parecido a una fortaleza medieval, aunque rellena de placentera agua oceánica», un castillo además, con vistas a la cola de un dragón.

Se trata de tres piscinas de origen volcánico, conectadas entre sí por tubos de lava que renuevan el agua con cada marea y que quedan protegidas del oleaje abierto por unos pilones de hormigón que —tal como recuerdan en la web— recuerdan las almenas de una fortaleza sumergida. Dentro, el agua es mansa, transparente, de un verde esmeralda que contrasta con la furia con que el Atlántico rompe habitualmente apenas unos metros más allá, contra el muro. Es la paradoja del lugar: seguridad absoluta a un palmo de la naturaleza indómita.

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Quien se anime a bucear con gafas de esnórquel encontrará viejas y sargos recorriendo, indiferentes, las murallas del castillo, mientras algún cangrejo moro se esconde entre las piedras. Llegar hasta aquí es sencillo. Y la única precaución es la de llevar calzado adecuado, porque el fondo sigue siendo de roca irregular. Conviene también consultar la marea: con la bajamar, las tres piscinas se separan y muestran todo su esplendor, mientras que con oleaje fuerte el agua puede saltar los muros del castillo.

Frente a esas piscinas, hacia el sur, se despliega la otra maravilla del paisaje: la imponente y escarpada línea de acantilados costeros que se extiende desde Agaete hasta La Aldea de San Nicolás. Vista desde el agua, esa cordillera de riscos —entre ellos el Faneque, uno de los acantilados marinos más altos del mundo, con más de mil metros de caída— deja de ser un simple perfil rocoso. Se convierte en la cola de un dragón dormido, hundiéndose despacio en el océano.

EO// Con información de: National Geographic

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