Caminos

Por Roynel Rojas

Poema de Andrés Eloy Blanco

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Dijo un preso:

—Por la cañería

se podría enviar un mensaje

que caería en el río

y desembocaría en la mar;

en el mar lo encontraría un barco

y el barco empezaría a izar velas azules.

Y dijo el otro preso:

—También podría el barco de la mar

meterse por el río, meterse por la cloaca

y una tarde cualquiera, la mar de dos azules

surgiría en el patio, empavesada.

Dijo un preso:

—Por el tubo del agua

se podría meter este grito admirable

que iría al acueducto

y de allí a las montañas emplumadas de nubes

y las montañas empezarían a moverse

con sus nubes de espuma en sus olas azules.

Y dijo el otro preso:

—También podría la montaña

verterse en el raudal,

correr al acueducto, colarse por el tubo

y una tarde, del grifo nos podría saltar

la nube más azul del mundo.

Dijo un preso:

—Por el alambre de la luz

se podría meter esta hermosa palabra

que cruzaría las calles, cantaría en los postes,

llegaría a la dínamo, donde están los obreros

y al campo donde están los labriegos de bruces

y empezarían ellos a sentir que de pronto

se les iban poniendo las cabezas azules.

Y dijo el otro preso:

—También podrían ellos

meterse por el cable de la luz,

saltar sobre los postes, atravesar las calles

y una noche, a la hora de Silencio,

nos caería en las manos una palabra azul

con medio despertar y medio sueño.

Dijo un preso:

—Así también podría

meterse el sol en uno de sus rayos

y traerse los campos y los ríos

y el azul de todos los horizontes

y todo el bendito azul del Universo

y apearse por entre las nubes

y se nos partirá en dos la noche

con la grieta de un día

hasta ser, para siempre, nosotros,

los hombres del alma amanecida.

Y dijo el preso que no lloró nunca:

—Ya eso ocurrió y ocurrirá de nuevo;

aquí está el sol metido en agua fresca;

aquí está el huerto, aquí está el horizonte

y aquí el camino que no tiene atajo.

Todos volvimos la cabeza.

Estaba recio y limpio en la sombra del patio

y nos mostró, bajo el sol de su risa,

sobre el país de su pecho

la voluntad de sus manos.

EO// Vía: Andrés Eloy Blanco 1927

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