El estrés postraumático también existe en las mascotas

Por Victor Rojas

El trastorno de estrés postraumático aparece cuando el cerebro del animal se queda en estado de alerta incluso cuando el peligro ya pasó

El estrés postraumático también existe en las mascotas.- Antes del 24 de junio, muy pocos venezolanos habían escuchado hablar del trastorno de estrés postraumático en mascotas. Pero después de semanas de rescates, animales atrapados entre escombros y familias separadas de sus compañeros de cuatro patas, esta condición empezó a hacerse visible.

El perro está “raro”, mi gato maulla “sin razón”, “no sé qué le pasa a mi perro/gato”. ¿Te suena familiar?

Solemos asociar el trauma con las personas. Sin embargo, los perros y gatos también pueden quedar profundamente afectados por experiencias extremas y el terremoto, fue una de estas experiencias críticas. Sea que no pasó nada en casa más que el movimiento y se cayeran algunas cosas, para los peludos, fue una situación los mantuvo en alerta y muy probablemente, aun lo están. 

TEPT, El trastorno de estrés postraumático, sí puede afectar a nuestras mascotas

El trastorno de estrés postraumático, conocido como TEPT, aparece cuando el cerebro del animal se queda en estado de alerta incluso cuando el peligro ya pasó. No es un miedo momentáneo, es una respuesta que se instala como un software y que puede alterar su comportamiento, su descanso, su alimentación y hasta su relación con las personas y con otros animales.

Un terremoto es una de las muchas situaciones capaces de activar esos disparadores de alerta. También puede aparecer después de maltrato, abandono, accidentes, incendios, inundaciones, ataques de otros animales o cualquier experiencia que haya puesto en riesgo su vida. Ellos también se traumatizan. Se asustan, sienten.

¿Cómo saber si un perro/gato está traumatizado?

Todos expresamos de manera distinta el temor y nuestros animales, no son la excepción. 

En los perros suele notarse más porque reaccionan hacia afuera. En los gatos, en cambio, el sufrimiento muchas veces pasa desapercibido porque tienden a esconderse o a evitar el contacto.

Es frecuente ver perros que permanecen siempre alerta, que se sobresaltan con cualquier ruido, que ladran de forma exagerada o que desarrollan ansiedad cuando se quedan solos. Algunos destruyen objetos, dejan de comer o muestran agresividad sin una causa aparente. Otros parecen incapaces de relajarse y duermen muy poco porque cualquier sonido los despierta.

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Los gatos suelen manifestar el trauma de manera más silenciosa. Pueden pasar horas escondidos debajo de una cama o dentro de un clóset, evitar el contacto con las personas, dejar de usar el arenero o rechazar zonas de la casa que antes usaban con normalidad. También pueden volverse extremadamente sensibles a los ruidos o quedarse inmóviles durante largos períodos.

En ambos casos, los síntomas pueden aparecer después “evento” o incluso varias semanas más tarde.

Observar qué sonidos, personas, objetos etc, pueden afectarlos para minimizar ese estímulo

Después del terremoto, observar es clave

Muchos de los animales rescatados tras el sismo vivieron experiencias extremadamente estresantes, si estaban solos, se golpearon durante el sismo etc. Algunos permanecieron atrapados durante días. Otros separados de sus familias, todo un caos. Los ruidos intensos, el polvo, movimientos constantes y decenas de personas intentando ayudarlos… si alguno ya era nervioso…solo tenerle un poco de paciencia.

Estas semanas posteriores conviene estar atentos a señales como temblores frecuentes, miedo exagerado a sonidos cotidianos, cambios importantes en el apetito, dificultad para dormir, aislamiento, vocalizaciones constantes, lamido excesivo o un apego excesivo hacia su humano.

La buena noticia, se puede superar. Algunos necesitan apoyo especializado para volver a sentirse seguros.

Los gatos son más de alejarse y de rutinas, un cambio puede asustarlos y desencadenar el disparador del comportamiento inapropiado

¿Qué pueden hacer los cuidadores?

Lo primero es ofrecer estabilidad.

Las rutinas ayudan muchísimo porque le permiten al animal volver a predecir lo que va a pasar durante el día. Mantener horarios similares para la comida, el descanso y los paseos transmite seguridad. La palabra clave: rutinas.

También es importante crear un espacio tranquilo donde pueda refugiarse cuando lo necesite. Ese lugar debe respetarse siempre. Nunca convertirlo en un sitio donde se le obligue a salir. Si su rincón es bajo el televisor, entonces, ese es su lugar seguro, respetar ese espacio para él, le ayudará a recuperarse.

Otro punto fundamental es evitar los castigos. Un perro que ladra por miedo o un gato que deja de usar el arenero no están «desobedeciendo». Están expresando una consecuencia del trauma. Regañarlos solo aumenta su ansiedad. Observar qué detona el ladrido, podría requerir más paseos o juegos para cansarse y liberar esa ansiedad. Observar y tratar de comprenderlo, no regañarlo.

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El juego, las actividades de olfato en los perros y los juguetes interactivos en los gatos también ayudan en la recuperación, siempre respetando el ritmo de cada animal. Forzarlos a enfrentar lo que les da miedo, solo podría empeorarlo todo. Es a su ritmo.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Si después de un mes las conductas persisten, empeoran o interfieren seriamente con la calidad de vida del animal, lo recomendable es buscar la ayuda de un especialista, un médico veterinario con formación en comportamiento o un etólogo clínico.

En muchos casos es suficiente enriquecer el ambiente con algunos cambios o por el contrario mantener el lugar exactamente como estaba y un plan de modificación de conducta. En los más severos puede ser necesario usar medicamentos para bajar la ansiedad mientras vuelve a aprender que está seguro y a confiar. Siempre, debe ser indicado por un profesional.

Las mascotas también sienten miedo. Entender sus reacciones y acompañarlas con paciencia y estabilidad puede ayudarles a superar el trauma que para ellas es tan aterradora como para cualquier persona.

Después de un desastre, reconstruir la calma también forma parte de la recuperación. Y esa calma, debe empezar desde el grupo familiar.

EO// Vía: Últimas Noticias

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