Este impactante episodio de 1923 quedó grabado a fuego en la memoria colectiva de Cantabria
El ataque de las ratas rojas: Un 18 de julio-. Corría el año 1923 cuando un horror silencioso, sacado de una pesadilla bíblica, descendió sobre el idílico valle de Liébana, en Cantabria.
No fue el fuego ni una tormenta lo que amenazó con borrar la vida de la región, sino una marea viviente, voraz e imparable: una plaga masiva de ratas rojas.
El día que la tierra se movió
Imaginen los campos verdes de Liébana cubiertos de repente por un manto bermejo que se movía como olas en el mar. Millones de roedores hambrientos invadieron los cultivos, devorando cosechas enteras en cuestión de horas. El crujido de sus dientes al masticar lo llenaba todo, quebrando la paz del valle. No respetaban nada; entraban a las casas, destruían los hórreos y amenazaban el sustento de miles de familias que miraban con impotencia cómo se desvanecía su comida para el invierno.
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Una movilización desesperada
La situación llegó a ser tan extrema que el pánico se transformó en una movilización civil sin precedentes:
- El ejército de los gatos: Se cuenta que se llegaron a traer felinos de provincias vecinas para intentar frenar el avance.
- Trampas e ingenio: Los vecinos cavaban zanjas profundas llenas de agua para ahogarlas por miles.
- Rezogos y fe: Desesperados, los pueblos organizaron procesiones religiosas, rogando por un milagro que limpiara sus tierras.
Este impactante episodio de 1923 quedó grabado a fuego en la memoria colectiva de Cantabria, recordándonos la fragilidad humana ante los caprichos más oscuros de la naturaleza.
